Es fácil empezar un camino, pero puede ser difícil llegar hasta el final de él. Las piedras, los espinos, lo estrecho, lo seco, lo largo, todo ello puede tentarnos a volver atrás. Y a empezar otra vez, la misma rutina de la vida: no acabar nunca lo que comenzamos, dejar en el inicio la jornada; rendirnos sin haber luchado; tomar el camino de los cobardes por que es más fácil que el sendero de los hombres valientes; es más fácil buscar atajos que cumplir el tramo señalado. Es fácil cambiar y de repente, no ser los mismos de siempre; poner a un lado nuestros principios: las columnas donde construimos nuestras vidas. Es fácil tirarlo todo por la borda y quedarnos desnudos y con una mancha en el centro del alma, y sentir que la paz que abrazamos un día, se escapó en las alas de la noche maligna.