A Jesús lo asombró la incredulidad de su gente. La incredulidad es sinónimo de “negativa” “falta de fe” “infidelidad” y “desobediencia” Dios nos hizo un poco menor que los ángeles. Nos dio habilidades físicas, pero también nos dio limitaciones.
Por medio de la Fe y operando a través de su Espíritu Santo Dios manifiesta sus dones y suple nuestras deficiencias y carencias naturales. Esto sólo es posible por la manifestación poderosa de Dios, obrando por medio del Espíritu Santo y manifestado en aquellos que creen en Cristo y están dispuestos a obedecer sus palabras.
Leemos en Mateo 20:30-34 “Y he aquí, dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al oír que Jesús pasaba, gritaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y la gente los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más aún, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Deteniéndose Jesús, los llamó, y dijo: ¿Qué queréis que yo haga por vosotros? Ellos le dijeron: Señor, deseamos que nuestros ojos sean abiertos. Entonces Jesús, movido a compasión, tocó los ojos de ellos, y al instante recobraron la vista, y le siguieron”. ¿Qué queréis que yo haga por vosotros?...