De la misma manera nadie puede ponerse un título de pastor, ministro, evangelista o maestro. si no ha sido llamado por Dios, si no tiene un testimonio irreprensible y si su iglesia no recibe testimonio de dicho llamado. En la iglesia de Antioquia estaban Bernabé y Saulo, y ellos tenían unos tratos con Dios, pero no se levantaron y exigieron un nombramiento. Ellos oraron, ayunaron, sirvieron en su iglesia local, dieron testimonio de una vida santa y transformada por Dios y de estar llenos del Espíritu Santo.
Y Ése mismo Espíritu Santo habló a la iglesia: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra que los he llamado.” Y la iglesia, Después de haber orado y ayunado, reconociendo el llamamiento de Dios y la unción del Espíritu Santo sobre sus vidas, les impusieron las manos y los enviaron a cumplir el ministerio que habían recibido del Señor. Este, mis amados, es el proceso correcto.
Nota: Carmen Laura Santiago es Directora del Instituto Teológico Berea Internacional y Oficial Directora en AMIP y Sirvió durante más de veinte años como misionera en Uruguay.
La voluntad de Dios debe prevalecer aún en las horas más difíciles de nuestras vidas, aún en los momentos de dolor, no podemos sucumbir ante el sufrimiento y tenemos que mantener la sensibilidad para oír la voz de Dios sobre todo. Nunca nuestros sentimientos deben dirigir nuestras acciones, sino la voluntad de Dios, sobre todo y sobre todos nosotros. “Que no sea como nosotros queremos, sino como Dios quiere”.
La obra de Dios va más allá de nosotros mismos y de nuestro entendimiento porque ella pertenece absolutamente a Dios, y porque es el Dios eterno quien la sustenta y la cuida. Por que es Dios quien elige, llama y envía, pone y quita. Siempre edificando y construyendo su obra eterna para su gloria y honra. “Gloria y hermosura es su obra, y su justicia permanece para siempre.” (Salmos 111:3)
Muy amados hermanos en el Señor. Celebraremos del 16 al 21 de Septiembre nuestra Semana Mundial de Misiones 2019 y por eso le invitamos a que “Construyamos Juntos la Obra De Dios”
Leemos en 2 de Crónicas 24:8-10: “Mandó, pues, el rey que hiciesen un arca, la cual pusieron fuera, a la puerta de la casa de Jehová; e hicieron pregonar en Judá y en Jerusalén, que trajesen a Jehová la ofrenda que Moisés siervo de Dios había impuesto a Israel en el desierto. Y todos los jefes y todo el pueblo se gozaron, y trajeron ofrendas, y las echaron en el arca hasta llenarla.”
Realizar la obra de Dios requiere primero que amemos a Dios y en segundo lugar amemos a nuestro prójimo: — a nuestros hermanos y a quienes nunca han oído la palabra de Dios. Quien aborrece a Dios, aborrece a su prójimo y con sus actos lo daña y lo destruye.
Hacer la obra de Dios, es una labor de construcción, de reparación, de restauración y de inmenso compromiso con los intereses del Reino de Dios que incluye a cada hijo de Dios y a todos sin excepción. Se dice en ésta historia donde el rey Joas y el Sacerdote Joaida son los protagonistas principales, “Porque la impía Atalía y sus hijos habían destruido la casa de Dios, y además habían gastado en los ídolos todas las cosas consagradas de la casa de Jehová.” (2Cron 24:7) Muy triste que los recursos de la obra del Señor habían sido usados para la impiedad y no para honrar a Dios y engrandecer su obra.
“Después de esto, aconteció que Joás decidió restaurar la casa de Jehová. Y reunió a los sacerdotes y los levitas, y les dijo: Salid por las ciudades de Judá, y recoged dinero de todo Israel, para que cada año sea reparada la casa de vuestro Dios; y vosotros poned diligencia en el asunto. Pero los levitas no pusieron diligencia.” (2Cron 24:4-5)
¡Seamos diligentes para impulsar a nuestros misioneros y obreros que realizan la obra en lugares lejanos, para animar a quienes construyen, y restauran la obra del Señor!
¡Para inspirar a esa nueva generación de obreros y siervos del Señor que requieren de nuestro apoyo y motivación!
¡Para capacitar y entrenar al liderazgo emergente que está siendo llamado por Dios a servirle en cada lugar donde está AMIP!
Construyamos también nosotros en cada Iglesia una Arca Misionera y demostremos a Dios y a su pueblo que “somos diligentes para hacer la obra del Señor”.
Dios le Bendiga
Atentamente
J Omar Tejeiro R
Presidente Amip
A
Directores
Misioneros,
Supervisores,
Pastores e Iglesias Amip
Ref: Semana Mundial de Misiones 2019
Muy amados hermanos en el Señor. Celebraremos del 16 al 21 de Septiembre nuestra Semana Mundial de Misiones 2019 y por eso le invitamos a que “Construyamos Juntos la Obra De Dios”
Leemos en 2 de Crónicas 24:8-10: “Mandó, pues, el rey que hiciesen un arca, la cual pusieron fuera, a la puerta de la casa de Jehová; e hicieron pregonar en Judá y en Jerusalén, que trajesen a Jehová la ofrenda que Moisés siervo de Dios había impuesto a Israel en el desierto. Y todos los jefes y todo el pueblo se gozaron, y trajeron ofrendas, y las echaron en el arca hasta llenarla.”
Realizar la obra de Dios requiere primero que amemos a Dios y en segundo lugar amemos a nuestro prójimo: — a nuestros hermanos y a quienes nunca han oído la palabra de Dios. Quien aborrece a Dios, aborrece a su prójimo y con sus actos lo daña y lo destruye.
Hacer la obra de Dios, es una labor de construcción, de reparación, de restauración y de inmenso compromiso con los intereses del Reino de Dios que incluye a cada hijo de Dios y a todos sin excepción. Se dice en ésta historia donde el rey Joas y el Sacerdote Joaida son los protagonistas principales, “Porque la impía Atalía y sus hijos habían destruido la casa de Dios, y además habían gastado en los ídolos todas las cosas consagradas de la casa de Jehová.” (2Cron 24:7) Muy triste que los recursos de la obra del Señor habían sido usados para la impiedad y no para honrar a Dios y engrandecer su obra.
“Después de esto, aconteció que Joás decidió restaurar la casa de Jehová. Y reunió a los sacerdotes y los levitas, y les dijo: Salid por las ciudades de Judá, y recoged dinero de todo Israel, para que cada año sea reparada la casa de vuestro Dios; y vosotros poned diligencia en el asunto. Pero los levitas no pusieron diligencia.” (2Cron 24:4-5)
¡Seamos diligentes para impulsar a nuestros misioneros y obreros que realizan la obra en lugares lejanos, para animar a quienes construyen, y restauran la obra del Señor!
¡Para inspirar a esa nueva generación de obreros y siervos del Señor que requieren de nuestro apoyo y motivación!
¡Para capacitar y entrenar al liderazgo emergente que está siendo llamado por Dios a servirle en cada lugar donde está AMIP!
Construyamos también nosotros en cada Iglesia una Arca Misionera y demostremos a Dios y a su pueblo que “somos diligentes para hacer la obra del Señor”.
Dios le Bendiga
Atentamente
J Omar Tejeiro R
Presidente Amip
Ayer domingo culminamos nuestra 10ª Convención Africana bajo un manto de alegría y alabanza del pueblo en fiesta. Ha sido un honor compartir la Palabra de Dios con éste pueblo. Me despido de Guinea Ecuatorial sabiendo que aquí o en la patria celestial nos volveremos a encontrar.
Cuando yo estaba estudiando en la universidad, una de las materias que tuve que tomar era la de Atletismo. Una de las áreas en esa materia era el Salto de Longitud. Mi maestro, que era excelente, nos puso todos a saltar una vez sin decirnos nada. Después de que al pisar la linea de despegue, todos nos fijamos en la arena a donde nos íbamos aterrizar.
- quiero que hagan una cosa diferente en el siguiente salto -, dijo mi maestro. Todos pensamos que nos iba a decir que teníamos que correr mas rápido o saltar mas fuerte o algo semejante. Que sorpresa nos dio cuando nos dijo que lo único que quería que hiciéramos diferente esta vez era, en el momento de pisar la linea de despegue, “¡levanta la cabeza y ALZA LA VISTA! Eso va a jalar el cuerpo en un ángulo que les permitirá tener una mayor longitud en su salto,” dijo mi maestro.
Eso me puso a pensar en Juan 4:35, que dice: “No decís vosotros: Aun falta cuatro meses para que llegue la siega? He aqui os digo: Alzad vuestros ojos y mirad a los campos, porque ya están blanco para la siega" Muchas veces estamos tan enfocado en las cosas de este mundo y en nuestras propias vidas, que nuestros “saltos de fe” son pequeños. Eso es cuando tenemos que levantar la cabeza y alzar la vista, “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumidor de la fe”. Solo entonces vamos hacer grandes cosas en el Señor.