Josué 1:1-9
Es imposible no llorar, ni afligirse o sentir tristeza, cuando pasamos por estos valles sombríos de luto y soledad, los cuales sabemos que un día vendrán. Siempre inesperadamente, sin ser deseada, ni invitada, la muerte vendrá con su aguijón de dolor y tristeza, así está establecido por Dios, para todo ser humano.
Pero muy importante es oír la voz de Dios en los momentos de prueba y de dolor, cómo éstos, sobre todo porque los sentimientos y las emociones son más fuertes e intensas en tales circunstancias y porque nuestro corazón puede engañarnos y tomar la dirección de nuestras acciones, olvidándonos de hacer la voluntad de Dios.
El dolor y la tristeza puede postrarnos y sumirnos en el desaliento y es por eso que Dios le ordena a Josué: “levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo” Si dejamos de llorar y adoramos a Dios, y damos gracias por todo lo aprendido y recibido, por el ejemplo y la inspiración con que los siervos de Dios nos animan en la vida, nos levantaremos para proseguir el camino y avanzar hacia adelante, “a la tierra que yo les doy”. Dios nos desafía a “levantarnos de la tristeza” a seguir caminando y avanzando hacia adelante, porque aunque su siervo ya está en su presencia, nosotros no hemos llegado aún a la meta. (1 Tes 5:18)
“Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.” Esta es la grandiosa promesa que tenemos como hijos y siervos de Dios, como obra de AMIP.

