Si el ministerio o la Iglesia se divide corre el peligro de ser destruido todo el cuerpo del Señor. Para mantenernos unidos entre nosotros debemos cuidar primero que todo nuestra manera de hablar, “ que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” Como podemos notar la unidad es el resultado de unir nuestros pensamientos y actitudes en pro de la obediencia a Cristo. 1ª de Corintios 1:10.
Hablar todos una misma cosa, es posible si tenemos una actitud mental, emocional y espiritual en torno a lo que Dios nos dice, nos demanda y nos ordena.
La Unidad nace cuando sentimos necesidad de ser consolados unos a otros. Cuando sentimos preocupación misericordiosa por los demás. Cuando sentimos amor compasivo, comprensivo y sincero por los hermanos. Cuando nuestro gozo es manifiesto y no cabe la amargura en nuestros corazones. Cuando la vanagloria y las ambiciones personales son puestas y clavadas en la cruz de Cristo.
Cuando estamos dispuestos a actuar con humildad . A perder para ganar, porque el que pierde por causa de Cristo gana. La unidad es posible si dejamos el menosprecio entre nosotros y vemos a los demás compañeros, como superiores a nosotros mismos, y nos preocupamos por ellos antes que por nosotros. Seremos capaces de vivir en unidad cuando nos despojemos de nuestros títulos, de nuestras posiciones, de nuestra grandeza y empecemos a vivir como siervos de Cristo y de los hermanos. Filipenses 2:1-11.
La unidad es necesaria para un testimonio eficaz al mundo y para nuestra propia salvación. “Para que el mundo conozca que tú me enviaste” Juan 17:23. Si la gente de afuera nos ve divididos dudará de la realidad del poder del Evangelio. Si no nos amamos entre nosotros las personas dudarán del amor verdadero de Dios. 1 Juan 3:10.
Quien tiene dividido el corazón es como el siervo malo : “ si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes”. Mateo 24:48-51

